El diablo también se lamenta.

Desear es gratis, las monedas que tiramos no.
Rezar es gratis, las lágrimas que lloramos duelen.
Me gusta rezarle a la virgen.
Pedirle que te tenga paciencia, y evite que nuestros caminos se crucen.
Me gusta pedirle deseos al destino.
Pedirle que me de paciencia, y evite que nuestros caminos se crucen.

Trato de negar mis recuerdos.
Trato de creerle a los demás.
“No fue para tanto.”
“Vos lo provocaste.”

Trato de negar mis recuerdos.
Trato de creerle a los demás.
Pero el dolor de mi corazón aún se siente.
Pero el dolor de mi mejilla aun lo recuerdo.

Quiero creer que es normal.
Esperar un golpe en vez de una conversación.
Quiero creer que es normal.
Crecer entre gritos y moretones.

No siempre fue malo.
Hubo momentos buenos.
Se traspapelan en mi memoria.
Creí que éramos la familia normal.

Éramos un infierno.
El diablo también llora.
El diablo también ríe.
El diablo también lamenta.

No lloren como yo.

Poemas premiun.

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La virgen y la niña.

Me pregunto que habrá sido de la niña que tenía moretones en el cuello, me pregunto que habrá sido de la niña que se orinaba en las noches. Era una niña de catorce años, cabello castaño y ojos que parecían las piedras de un rio.
Quise hablarle, decirle que había un hogar al que ella podría regresar, que todo estaría bien. Pero no salieron las palabras de mi garganta, quedaron atrapadas en la indiferencia de mi corazón.
No era mi hija, no era mi sobrina, su sangre no estaba atada a la mía.
“alguien más la cuidara.”
La mirábamos como si fuera un perro perdido, nadie tenía espacio para acogerla, nadie tenía tiempo de hablar con alguien que pudiera cuidarla.
La niña paraba frente a la virgencita de la iglesia de la merced, sus manos enredadas, los ojos llorosos mirando la imagen pintada de la virgen. Solo ella sabe que le habrá pedido la niña, pero me gusta pensar que ella le escucho.
Me duele pensar que la niña le pedía que alguien la cuidara.
Cada tanto sueño con la vida de esa niña, quien habrá creado las marcas de su cuello. Quizás una madre negligente, quizás un padre o hermano violento. Son pesadillas que durante el día me cuesta olvidar.
Niña de ojos grises como las piedras de un rio, dime quien te lastima, dime quien oculta tus heridas, prometo sanarlas y protegerte. Pero ya es tarde, su cuello se dobló, tus ojos se cayeron de sus cuencas, sus manos están atadas con una piola.
Dime niña de ojos perdidos, ¿Quién es el victimario de tu vida?

No lloren como yo.

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